LAS VENTAS

Lo interesante de las ventas es que es la profesión más vieja del mundo. Es la profesión mejor pagada del mundo, porque los grandes capitales del planeta se han producido a raíz de que un vendedor ha vendido un producto, una idea o un servicio.

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá, porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. (Lucas 11: 9-10)
CARLOS FELIX
Que Dios Te Bendiga
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domingo, 5 de octubre de 2008

UN GANADOR

UN GANADOR
Cuando un ganador comete un error, dice: "Yo me equivoque" y aprende la lección.
Cuando un perdedor comete un error, dice: "No fue mi culpa" y se la hecha a otros.
Un ganador sabe que la adversidad es el mejor de los maestros.
Un perdedor se siente una víctima ante la adversidad.
Un ganador sabe que el resultado de las cosas depende de él.
Un perdedor cree que la mala suerte sí existe.
Un ganador trabaja muy fuerte y se genera mas tiempo para sí mismo.
Un perdedor esta siempre "muy ocupado" y no tiene tiempo ni para los suyos.
Un ganador enfrenta los retos uno a uno.
Un perdedor le da vueltas y no se atreve a intentarlo.
Un ganador se compromete, da su palabra y la cumple.
Un perdedor hace promesas, no asegura nada y cuando falla solo se justifica.
Un ganador dice: "Yo soy bueno, pero voy a ser mejor".
Un perdedor dice: "Yo no soy tan malo como lo es mucha otra gente".
Un ganador escucha, comprende y responde.
Un perdedor solo espera hasta que le toque su turno para hablar.
Un ganador respeta a aquellos que saben más que él y trata de aprender algo de ellos.
Un perdedor se resiste con aquellos que saben mas que él y solo se fija en sus defectos.
Un ganador se siente responsable por algo más que su trabajo solamente.
Un perdedor no se compromete y siempre dice, "Yo sólo hago mi trabajo"
Un ganador dice, "Debe haber una mejor forma de hacerlo..."
Un perdedor dice, "Esta es la manera en que siempre lo hemos hecho".
Un ganador es parte de la solución.
Un perdedor es parte del problema.
Un ganador se fija en "cómo se ve la pared en su totalidad".
Un perdedor se fija "en el ladrillo que le toca colocar".
Saludos, GANADOR!!!

Autor anónimo

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá, porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. (Lucas 11: 9-10)
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USTED ES EL PRODUCTO

USTED ES EL PRODUCTO

Olman Martínez, Especial para Revista Perfil.
Costa Rica. 2002.


Mónica tenía 29 años. Su graduación como licenciada en administración de negocios coincidió con la apertura de una interesante plaza (la Dirección del Departamento de Servicio al Cliente) en la empresa para la que trabajaba desde hacía cinco años. Así que Mónica “hizo números”: “Yo tengo la experiencia para ese puesto”, se dijo, “tengo la preparación académica, y me he esforzado por ser una buena empleada durante todo este tiempo. ¡El puesto es para mí!”
Según Mónica, la sesión había salido muy bien. La habían entrevistado dos jefes. Uno era de afuera, de la casa matriz, a quien ella no conocía. Pero el otro, el jefe de Recursos Humanos, sabía bien lo que era ella, y lo que podía dar. Así que, muy segura, comenzó a hacer planes para el nuevo puesto.
Pero dos semanas después nuestra amiga caía en una gran depresión, porque le habían dado el puesto a otra muchacha con menos tiempo en la empresa y con menos preparación académica que ella.
¿Conoce la historia? Estoy seguro de que ya ha escuchado algo similar antes. Lamentablemente, el caso se repite día tras día en innumerables compañías del mundo. ¿Por qué? ¿Qué pasó? ¿Qué fue lo que Mónica—al igual que tantos otros—hizo mal?
La respuesta, muy probablemente, tiene que ver con el desconocimiento de muchas personas de un punto clave en el mundo de las empresas: que los mejores puestos no necesariamente los ganan quienes mejor preparados estén, sino quienes mejor se saben “mercadear” ante los jefes o ante los reclutadores.

SOMOS EMPAQUE Y CONTENIDO
¿Recuerda cómo es que se vende un producto en un supermercado? Pongamos como ejemplo un cereal. Usted llega a las góndolas, y se encuentra con una gama de diez o veinte diferentes opciones (marcas). ¿Cuál escoge? Si usted es como la mayoría de los mortales, probablemente escogerá la que más atraiga su atención. “Todo entra por los ojos”, dice la sentencia milenaria, y en este caso ello es muy cierto. Las personas generalmente creemos que si algo se ve bien, lo que viene por dentro también debe ser bueno. Y viceversa: Si encontramos un empaque manchado, arrugado o, simplemente, feo, achacamos al contenido (lo que viene por dentro) las mismas cualidades negativas.
Pero usted y yo sabemos que ese procedimiento no siempre lleva a la mejor compra. Podría ser que dentro de un empaque feo venga un producto muy sabroso o muy bueno, ¿verdad? O que dentro de un empaque muy bonito –como tantas veces nos ha pasado—venga un contenido que no nos satisface. Sin embargo, la naturaleza humana se orienta a escoger el producto cuyo empaque luzca bien, y a rechazar a los otros.
Bueno, pues aquí viene la primera gran lección sobre manejo de imagen personal: Que las personas somos como un producto. Tenemos un contenido, que es lo que llevamos por dentro (nuestros conocimientos, habilidades y actitudes) y tenemos un empaque, que es todo lo que la gente percibe de nosotros externamente. De hecho, cada vez que vamos a una entrevista de trabajo; cada vez que intentamos vender algo; al buscar impresionar a una persona del sexo opuesto que nos interesa... y en innumerables otras ocasiones de la vida, nos convertimos en un producto que hay que saber “mercadear”. Sí, amiga, ¡Usted es el producto!
Y si seguimos la lección del cereal, nos daremos cuenta de que una persona que tenga un buen contenido, pero que proyecte un mala imagen, simplemente no se vende, ¡no tiene rotación! Posiblemente eso le pasó a Mónica.
Justamente esa duda fue lo que la llevó a preguntarle al jefe de Recursos Humanos, cuál había sido la razón por la que no le habían dado el puesto. Luego de algunos titubeos y de tratar de “dorarle la píldora”, el ejecutivo le fue sincero y le ratificó que el manejo de su imagen personal era lo que había fallado.
Mónica, al igual que millones de personas, se metió a “jugar” el “juego del éxito”, sin conocer bien las reglas. Ella se estaba guiando por viejas creencias que tal vez hoy en día no estén ya tan vigentes. Una de ellas era que si uno sabía lo bastante sobre el tema y tenía experiencia, casi automáticamente le tocaba la promoción. Hoy en día, como le explicó el entrevistador, el manejo de la imagen personal es clave. Y las empresas se fijan en pequeños detalles que a la larga pueden restarle puntos a la persona. Eso, como bien lo comprendió Mónica, no es justo, nada justo... pero es muy real en el mundo actual.
Varios aspectos de la imagen de la muchacha no habían gustado al visitante de la casa matriz. En primer lugar, cuando ella había saludado, su mano pareció al interlocutor como “un pescado frío” y sin vida. No había mayor emoción en el contacto, y ese fue el primer impacto negativo que dio.
En segundo lugar, Mónica hacía poco contacto visual. Respondía las preguntas viendo hacia un lado, hacia el techo o tal vez hacia el jefe conocido, pero le costaba mantener la mirada ante el otro jefe.
Paralelamente, hablaba continuamente con los brazos cruzados sobre el pecho y con un movimiento casi incontrolable de sus pies. “¿Por qué estará tan nerviosa?” se había preguntado el entrevistador; “¿Qué será lo que está ocultando?”
¿Y qué decir de su ropa? Mónica fue a la entrevista proyectando más la imagen de una muchacha de nivel asistencial, que de una potencial jefa de un departamento. Iba vestida con un falda corta que le dificultaba sentarse cómodamente, su escote mostraba más de lo necesario, llevaba uñas muy largas con esmalte rojo vivo, y estaba sobrecargada de aretes, anillos y pulseras. ¿Era esa la imagen que la empresa buscaba en alguien que iba a estar en permanente contacto con clientes importantes?
Al terminar la consulta, nuestra amiga tenía muy claro por qué había perdido aquella oportunidad: no sabía manejar su imagen personal adecuadamente.
LA PRIMERA IMPRESIÓN:
¿Sabía usted que las personas comienzan a hacerse una primera impresión de nosotros a los 7 segundos de conocernos? ¿Y que a los 4 minutos de estar hablando con un nuevo conocido, ya se ha establecido en la mente una fuertísima primera impresión que será muy difícil de modificar?
Así es, estimada lectora: el mundo se mueve por estereotipos. Manejamos en nuestra mente un inmenso banco de datos, al cual recurrimos cada vez que entramos en contacto o vemos a alguien. Esto no sucede a nivel consciente, pero aún así es determinante. En segundos comenzamos a “calificar” a las personas por lo que percibimos.
Nos preguntamos: ¿A quién se me parece esta persona? ¿A qué se me parece? Y nuestra mente muestra de inmediato los archivos de millones de personas que hemos visto. Se comienza a formar entonces una imagen, que es la que achacamos a la persona con la cual nos encontramos. Y, lamentablemente, injusto pero real, tendemos a tratar a las personas por cómo parecen ser, no necesariamente por lo que realmente son. Es decir, actuamos por “percepciones”.
La batalla por contar con una buena imagen no comienza en la oficina, ni en la calle, ni en la universidad. La primera batalla por ganar está entre las dos orejas de la gente que nos ve. ¡Es intracraneal! Ahí, en la mente de ellos, es donde se forman las percepciones que nos darán o quitarán oportunidades de éxito en lo sucesivo.
¿Cómo nos perciben? Por los sentidos físicos, como dijimos antes. La vista es el primer gran “canal de comunicación”. Ven cómo lucimos, si somos altos o bajitos, si estamos esbeltos o pasaditos de kilos. Ven cómo está nuestro cabello, cómo caminamos, cómo nos movemos. Ven qué gestos hacemos. Y, muy importante, ven nuestro atuendo, nuestra ropa, y nos califican. (“El hábito no hace al monge... pero cómo le ayuda!”)
Escuchan cómo hablamos, nuestro acento, el tono que ponemos a nuestra comunicación, y el tipo de palabras que utilizamos.
Sienten cómo damos la mano y perciben si al darla parecemos seguros o tímidos, introvertidos o extrovertidos, dominantes o dominados. Y huelen nuestro perfume, el aliento y otras sensaciones odoríficas que emanamos.
¿Le gusta el tema? En las siguientes ediciones de Perfil vamos a entrar en detalles específicos sobre cómo se maneja (y cómo se “mercadea”) la imagen de una persona. Ahí puede estar la diferencia entre ganar y perder.
Mientras tanto, mantenga en su mente la siguiente máxima: “En el campo del manejo de imagen personal, la percepción es más importante que la realidad”.

Olman Martínez
Presidente de La Universidad de las Ventas.
omartinez@uventas.com
(Derechos Reservados U-Ventas.)

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sábado, 4 de octubre de 2008

¡USTED NO ES MENOS QUE NADIE!

¡USTED NO ES MENOS QUE NADIE!

En cierta oportunidad mi carro se quedó atascado en la arena en una playa bastante solitaria. ¡Quién me manda a meterme a la playa! La verdad es que intenté durante una hora más o menos sacar el carro, y lo único que lograba era que se hundiera más. No había más gente en la playa y era ya de noche, así que decidí (¡que más me quedaba!) dormir en el carro y esperar a la mañana siguiente para conseguir ayuda.
Muy temprano caminé como dos kilómetros hasta un gasolinera y ahí me dirigieron a un servicio de grúas. Volví a la playa con el gruero, un muchacho de unos veintidós años de edad, y le mostré la situación.
“Présteme un momento las llaves”, me dijo, “creo que puedo sacarlo manejado”.
“¡Qué va!”, le respondí, “anoche lo intenté más de una hora y no pude, ese carro no sale”.
Sin embargo, para no hacer sentir mal al muchacho (miren qué buena gente que soy) le entregué las llaves para que lo intentara, preparándome mentalmente para cuando no pudiera sacarlo, decirle: “No se preocupe. Ese carro sólo jalado sale”.
El muchacho se montó, puso las llaves en la ignición, movió un poco hacia la derecha el volante... ¡y lo sacó en menos de un minuto! El pobre hombre ni quería verme a los ojos de la congoja.
“¿Cómo hizo eso?” le pregunté asombrado, “Yo lo intenté de todas formas y no pude moverlo ni una pulgada?” “Es que yo soy hijo de un gruero”, me respondió, “y desde güila me dedico a sacar carros así a cada rato”.
Esa experiencia me dejó una lección. ¿Era aquel muchacho mejor que yo porque había podido sacar el carro en el primer intento? ¡De ninguna manera! Sólo que él tenía una experiencia diferente a la mía. Y eso es algo que, por el bien de nuestra autoestima y autoimagen, debemos comprender.
Muchas veces nos sentimos impresionados e intimidados por una persona que sabe algo muy bien, y de lo cual nosotros somos ignorantes. Pero es sólo que él ha tenido una experiencia diferente a la nuestra.
Un doctor, por ejemplo, nos impresiona por esas palabras tan raras y largas que sabe. ¿Es mejor que nosotros los que no somos doctores? ¡De ninguna manera! Es sólo que él tiene una experiencia diferente a la nuestra. Si usted se dedicara ocho años a estudiar medicina, seguro que podría hablar con las mismas palabras que él.
En la China hay millones de chinos que pueden hacer algo que yo no puedo hacer. Y lo hacen muy bien desde que tienen dos o tres años de edad: ¡hablan chino! Y yo no lo hago. Es porque tienen una experiencia diferente a la mía.
Pero seguro que en el mundo habrá personas que no pueden hacer ni la mitad de bien lo que usted hace expertamente, porque no han tenido su misma experiencia.
Mi amigo, cuando se sienta intimidado por los conocimientos o habilidades de otra persona, piense que nadie es mejor ni peor, ni más ni menos, que otra persona por lo que sabe. Es sólo que hemos estado expuestos a conocimientos, vivencias, prácticas y experiencias diferentes.
Usted es una criatura única en el universo, y justo por eso tiene todo el derecho a esa diferenciación.

Olman Martínez
Presidente de La Universidad de las Ventas.
omartinez@uventas.com
(Derechos Reservados U-Ventas.)

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USTED NO PUEDE DEJAR DE COMUNICARSE

USTED NO PUEDE DEJAR DE COMUNICARSE

Por Olman Martínez
Presidente de La Universidad de las Ventas.
(Derechos Reservados U-Ventas.)
omartinez@uventas.com

“Uno puede dejar de hablar, pero no puede dejar de comunicarse”. La afirmación anterior es una verdad que puede ayudarlo a usted a proyectar una mejor imagen ejecutiva, como Gerente de Ventas y como líder. Tiene relación con lo que se conoce como “comunicación no verbal”.
Lo queramos o no, las personas se forman una imagen de nosotros por una serie de “mensajes no verbales” que expresamos continuamente. Sin necesidad de que digamos una sola palabra, ya estamos gritándole al mundo cómo somos. Y, sin lugar a dudas, el mundo nos tratará como nosotros proyectemos ser. Esa es una máxima que se cumple continuamente en la mayoría de los ámbitos, pero muy especialmente en el mundo empresarial.
Los clientes se hacen una primera impresión de nosotros desde los siete segundos de conocernos, y ya a los cuatro minutos tienen una fuerte primera impresión. ¡Y nadie tiene derecho a una “segunda primera impresión”!. Cuesta mucho cambiar esa percepción una vez que ésta se ha establecido en la mente de nuestros clientes, de nuestros colaboradores o de nuestros superiores.
Por cómo usted viste, por la forma en que camina, por todos los mensajes que continuamente trasmite por medio de su rostro y sus expresiones faciales, por la ropa que usa, por cómo se mueve, por sus modales y por muchas otras formas de comunicación no verbal, usted le envía mensajes permanentemente al mundo a su alrededor.
Así que téngalo presente: cuide su lenguaje no verbal, porque ello le ayudará a proyectarse mejor como todo un ejecutivo.

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá, porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. (Lucas 11: 9-10)
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¡VENCIENDO EL TEMOR AL FRACASO!

¡VENCIENDO EL TEMOR AL FRACASO!

Olman Martínez, Universidad de las ventas.

Todo proyecto en la vida conlleva el riesgo de fracasar. Pero es, principalmente, el temor al fracaso, lo que más fracasos causa. El temor a fallar si uno acomete una empresa, termina por inmovilizar a la persona.
Thomas Alba Edisson fracaso cientos de veces antes de lograr inventar su sueño: la bombilla incandescente.
Cuando sienta que el temor lo esté dejando paralizado, improductivo, chapaleando en las aguas añejas de los viejos paradigmas, del “nunca se ha hecho así”, del “no vale la pena”, recuerde la sabia sentencia de George Bernard Shaw: “El hombre que pasó su vida cometiendo errores porque lo intentó, tiene mil veces más mérito que aquel que nunca cometió errores porque nunca intentó nada”.

Olman Martínez
Presidente de La Universidad de las Ventas.
omartinez@uventas.com
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VENDAMOS CON CALIDAD

VENDAMOS CON CALIDAD

Por Ing. Carlos Ed. Vizcaíno Guardia, MBA
cvizcaino@uventas.com
(Derechos reservados U-Ventas)

Tres máximas de la venta deben estar siempre en la mente del vendedor:
1. Vender no es forzar la venta.
2. Vender no es plegarse a las exigencias de los clientes.
3. Vender es ayudar al cliente a tomar una decisión de compra beneficiosa para ambas partes.

Por ninguna razón debe el vendedor justificar el querer usar alguna de las dos primeras: ni con un cliente conocido y menos con uno nuevo, porque lo único que conseguirá es tal vez una venta, pero nada más. El vendedor necesita seguir vendiendo muchas veces al mismo cliente.
La venta de presión, de empuje y hasta de agresión para obtener resultados de venta a costa de la satisfacción de clientes, constituyen modalidades de "mala praxis" en la profesión.
La venta de presión generó por muchos años el desprestigio de la profesión y la falta de credibilidad del vendedor.
Cuando un cliente físico o empresarial se hace una mala imagen de una empresa y del vendedor, pueden pasar años, en el mejor de los casos, para que esta percepción sea variada.
Aunque cueste creerlo, esa cultura de la “venta a presión” aún persiste en nuestros días.
Tampoco es aceptable que un vendedor, con tal de “vender”, se pliegue a cualquier exigencia del cliente ni a aceptar dádivas físicas o emocionales.
La venta debe seguir el proceso lógico apuntado por muchos autores y que en este artículo los volvemos a mencionar:
• Despertar su interés en el tema.
• Reconocer la existencia de necesidades o problemas que se satisfacen o solucionan con nuestros productos o servicios.
• Aceptar que los beneficios que surgen de las argumentaciones y recomendaciones, satisfacen las necesidades o resuelven los problemas manifestados previamente.
• Despertar e incrementar su deseo de comprar.
• Tomar y ejecutar la decisión de compra.

Lo más interesante de esta definición es que es totalmente aplicable para todo producto o servicio que se desee vender mediante todas las formas y estrategias de venta que existen y hasta surjan en el futuro. La única salvedad está en cómo avanzamos a través de cada una de dichas etapas.
Por último, la relación debe ser beneficiosa para ambas partes, y esa es la fórmula para conseguir muchas ventas más y sobre todo repetidas y con nuevos clientes.
El conocimiento y dominio de estas técnicas proveen otra fortaleza clave para quienes aprenden a aplicarlas y que se refiere a la eficacia para lograr más cierres de calidad en menor número de entrevistas realizadas.

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá, porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. (Lucas 11: 9-10)
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Y ESTO... ¡TAMBIÉN PASARÁ!

Y ESTO... ¡TAMBIÉN PASARÁ!

Por Olman Martínez, Universidad de las Ventas.
omartinez@uventas.com

Cuando la vida nos golpea, como a veces pasa,
El mundo se vuelve gris, las fuerzas parecen irse, y un aliento de amargura se apodera de nosotros.
Pero debes saber, aún en medio de la desolación, que cuando la vida te cierra una ventana, en alguna parte te está abriendo una nueva puerta.
Aunque hoy te cueste creerlo, esta bruma se disipará, tus piernas tendrán fuerza otra vez, y el sol brillará de nuevo.
Puedes estar seguro: ¡Esto, también pasará!
No trates de entender cada detalle de la vida.
No te preguntes más: “¿Por qué a mí?”
Tal vez nunca encuentres una respuesta para ello.
Ganarás más aceptando lo que no puedes cambiar, y decidiéndote por la vida.
Por eso, ¡no te rindas! ¡Tienes mucho por qué vivir!
Si lo requieres, llora. Si lo ocupas, grita.
Pero ten presente que esas lágrimas, si persisten, no te dejarán ver que el sol ya comienza a salir, y que ha empezado un nuevo amanecer.
Piensa en los que te aman y te necesitan.
Acepta la mano amiga que se tiende hacia ti...
Y verás cómo las nubes de la tormenta empiezan a alejarse, y cómo a las aves les queda todavía mucho trino por cantar.
Así que, respira profundo. Levanta la cabeza y eleva la mirada.
¡Fuerza una sonrisa en tu rostro!
Y entonces, poco a poco, la vida volverá a tener sentido para ti.
Vamos: ¡Inténtalo! Ponte de pie.
Aún tienes mucho por qué luchar.
Otros han pasado por esto antes, y lo han logrado.
Tú también puedes hacerlo.
Créeme: ¡Esto también pasará!

Olman Martínez
Presidente de La Universidad de las Ventas.
omartinez@uventas.com
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RELOJ MUNDIAL